
Tal como se había mencionado en un artículo anterior, la plaga de termitas que tuvo la fuerza para desalentar la población de Torralbilla, vino influencia no sólo la despoblación de este lugar, sino que también de una manera indirecta, provocó un mejoramiento en la economía de Hinojosa.
Como prácticamente el pueblo de Torralbilla quedó deshabitado, quienes habían hecho una vida nueva e Hinojosa decidieron utilizar todos los elementos que quedaron de su antiguo pueblo, esto a manera de un reciclaje del material gravo que allí aún existía.
De esta manera, se extrajo una cantidad inmensamente grande de piedras que componían tanto a las casas como a las calles del poblado abandonado de Torralbilla, con el fin de utilizarlas en las construcciones de sus nuevas casas; gran parte de este material se utilizó para fabricar grava que vendría a componer el elemento primordial para el pavimento de las carreteras, haciendo con esta hecho, que la población no solamente queda desolada, sino que también permanezca en ruinas.
La ermita de Santa Catalina viene a ser la única edificación que aún se conserva en este lugar, siendo que a pesar del paso de los años se la puede disfrutar aún con cada uno de los diseños arquitectónicos que fue construida; debido a este palo e importancia histórica que tiene la ermita de Santa Catalina, podría decirse que existen algunas rencillas por parte de los pobladores de Milcarcos que se adjudican a este monumento como suyo.
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